¿Qué son los modelos mentales?

Los modelos mentales son formas de ver el mundo. Los modelos mentales son básicamente representaciones subjetivas del mundo que nos rodea. Se basan en nuestros sesgos cognitivos, y limitaciones de la mente humana, así como en nuestro conocimiento y experiencias previas, y por lo tanto tienden a causar errores.

Son los procesos que usamos para obtener información del mundo que nos rodea, y el proceso por el cual trabajamos las premisas para conseguir conclusiones que nos ayuden con algún objetivo consciente o inconsciente.

Estos modelos funcionan principalmente a nivel inconsciente, son pocas las ocasiones en las que nos preguntamos porque entendemos algo de cierta forma, o cómo hemos llegado a alguna conclusión. Pero que sean subconscientes no solo no reduce su importancia, sino que hace nuestra falta de control sobre ellos aún más preocupante.

No entender cómo funcionan significa no saber cómo hemos conseguido información, no saber si es cierta, y no saber cómo la procesamos para sacar conclusiones. 

Esto no quiere decir que los modelos sean malos de por sí. Los modelos son imprescindibles, porque nos permiten reducir la complejidad del mundo y procesar información más rápido. Sin modelos no podríamos vivir de forma práctica, porque tendríamos que reconsiderar como pensamos ante cada nuevo problema. Esto los convierte en grandes mecanismos para optimizar nuestro pensamiento y ser más efectivos.

Los modelos son imprescindibles si queremos tomar decisiones sobre qué ponernos hoy, porque no tiene sentido dedicar demasiada atención al proceso. El problema real aparece cuando tenemos que tomar decisiones importantes en las que los riesgos pueden producir alguna pérdida irrecuperable, o demasiado grande.

En estos casos, debemos dejar de lado lo que Daniel Kahneman llama el sistema 1, basado en la intuición y principalmente subconsciente, y pasar a usar el sistema 2, el que nos permite hacer uso de la lógica. 

Y aquí es donde entra la importancia de tener un “arsenal” de modelos mentales, que nos permitan atacar al problema desde distintos ángulos y con ello mejorar nuestra probabilidad de llegar a una respuesta adecuada.

¿Para qué sirven los modelos mentales?

Los modelos mentales nos permiten sacar partido a las perspectivas y forma de ver el mundo de distintas disciplinas. Aprender cómo funciona la perspectiva de distintos campos, nos permite sacar partido a sus puntos positivos, así como reducir el efecto de los negativos, a través de su diferencia de perspectivas.

La probabilidad de que dos enfoques tengan las mismas debilidades es baja, y si usamos tres o cuatro, esta probabilidad se hace mucho menor. De esta forma, el objetivo de usar varios tipos de modelos mentales, perspectivas, es el de reducir la probabilidad de que ignoremos información, malinterpretemos hechos, o nos equivoquemos al estudiar la causalidad de algún fenómeno.

La multidisciplinariedad nos permite sacar más información útil y con ello multiplica nuestras posibilidades de solucionar problemas. Dominar varias herramientas nos permite crear libertad.

Actúan del mismo modo que los objetivos de un microscopio. Con los objetivos de menor aumento podemos ver los tejidos en su conjunto, con los de aumento medio podemos diferenciar estructuras celulares, y con los demás podemos ver las células.

Con ello podemos dividir los problemas en más partes, y encontrar relaciones que de otra forma serían invisibles. En definitiva, los modelos mentales nos permiten aumentar nuestro vocabulario, y facilitan el proceso de describir y entender cualquier situación. 

¿Qué significa entender?

Entender es una palabra cuyo significado conocemos intuitivamente, pero que muchos de nosotros seríamos incapaces de definir claramente. Sabemos que entender algo es la base para tomar acciones correctas, sin conocer el objeto de nuestro interés y su contexto, dependemos completamente de la suerte.

Entender es importante, porque sin entender no podemos hacer algo varias veces y estar seguros del resultado. Entender significa conocer algo por lo que es, y esto a su vez significa comprender su relación con el contexto y cómo este afecta a su naturaleza.

De esta forma, podríamos decir que para “entender” algo, debemos ser capaces de dividirlo en sus constituyentes primarios, lo que se conoce como el enfoque reductivo o Cartesiano, y estudiar las conexiones entre sus elementos, hasta ser capaces de crear hipótesis sobre su comportamiento en distintos contextos.

Esta ha sido la base del pensamiento científico hasta la actualidad, y es lo que entendemos como el método inductivo. Según esta definición, para entender algo, debemos ser capaces de tener una lectura acertada de sus componentes y su contexto, algo que es altamente complicado debido a nuestros sesgos cognitivos.

Por defecto, cada uno de nosotros es afectado en mayor o menor medida por distintos sesgos cognitivos, pero sin duda todos sufrimos su efecto. Actúan como una especie de niebla que no nos permite ver la realidad como es, y nublan nuestro juicio, lo cual significa que pocas veces podremos “entender” algo realmente.

Para evitar, o al menos reducir este efecto, podemos usar herramientas. 

Si los problemas son simples, y están bien definidos, no necesitaremos muchos modelos mentales. En estos casos puede ser “obvio” que debemos hacer para conseguir los resultados deseados con el mínimo de problemas. 

En cambio, cuando los problemas son más complicados, necesitamos más herramientas, porque nuestro cerebro no maneja bien la complejidad. En estos casos lo que importa, no es solo la cantidad de modelos mentales a los que tenemos acceso, sino también la afinidad entre los modelos a nuestra disposición y la naturaleza del problema.

Usar modelos mentales para resolver problemas es lo mismo que usar llaves para abrir cerraduras. Sin duda, podríamos abrir la puerta a la fuerza si usamos muchos modelos mentales, pero el objetivo es aprender cuándo usar cada uno. Tenemos que encontrar la llave adecuada para cada cerradura.

De esta forma, “entender” es el proceso de usar modelos mentales para reducir los obstáculos de nuestra mente a apreciar los elementos, relaciones y contexto de la realidad, para poder usar el pensamiento inductivo.

¿Por qué necesitamos el método científico?

Entender es una palabra cuyo significado conocemos intuitivamente, pero que muchos de nosotros seríamos incapaces de definir claramente

Podríamos decir que para “entender” algo, debemos ser capaces de dividirlo en sus constituyentes primarios, lo que se conoce como el enfoque reductivo o Cartesiano, y estudiar las conexiones entre sus elementos, hasta ser capaces de crear hipótesis sobre su comportamiento en distintos contextos.

Esta ha sido la base del pensamiento científico hasta la actualidad, y es lo que entendemos como el método inductivo. Según esta definición, para entender algo, debemos ser capaces de tener una lectura acertada de sus componentes y su contexto, algo que es altamente complicado debido a nuestros sesgos cognitivos.

Nuestros sesgos cognitivos no nos permiten ver la realidad tal y como es, del mismo modo que un miope no puede ver las formas y los colores sin el uso de gafas. Por eso, para entender algo, debemos hacer uso del método científico.

El método científico se basa en el proceso de hacer hipótesis, basadas en nuestra comprensión de la realidad y los fenómenos, y crear experimentos que nos permitan saber si nuestra interpretación es equivocada.

Estos experimentos nunca acaban de confirmar nuestras hipótesis, pero sirven para demostrar que nuestras ideas no son falsas en cierto contexto, o al menos, hasta el momento. 

Cuando nuestra comprensión se separa de la realidad, no hacemos suficientes experimentos, perdemos nuestra capacidad de tomar buenas decisiones y nos volvemos esclavos de la aleatoriedad y caos del mundo. Esto es lo que convierte al método científico en una herramienta clave.

El peligro de los sesgos cognitivos

El principal problema de los sesgos cognitivos, es como no nos damos cuenta de su efecto sobre nuestra toma de decisiones. No nos damos cuenta de que no somos capaces de ver la realidad como es, ni de que la información a la que tenemos acceso a través de nuestra memoria es información sesgada.

Del mismo modo que somos incapaces de detectar nuestros puntos ciegos, el lugar en el que nuestra visión solapa con el nervio óptico, tampoco somos capaces de detectar cuando nuestros sesgos solapan con la realidad.

Algunos ejemplos de sesgos son:

  • Sesgo de disponibilidad
  • Sesgo de la aversión a la pérdida
  • Sesgo del coste hundido o costo hundido
  • ….

Existen decenas de sesgos cognitivos que controlan nuestra capacidad de tomar decisiones. El de disponibilidad hace que le demos mucha más importancia a la información que hemos recibido en los últimos meses, sin importar su relevancia real. Es la razón por la que las campañas de presencia de marca, funcionan.

El sesgo de la aversión a la pérdida es la razón por la que muchos inversores y empresarios siguen adelante con proyectos que les han causado grandes pérdidas. Porque no nos gusta perder, y estamos dispuestos a seguir, aun sabiendo que significó pérdidas, para que nuestro esfuerzo no sea inutil.

El sesgo del costo hundido está relacionado con el de la aversión a la pérdida. Este sesgo nace de nuestra dificultad para diferenciar entre algo poco probable y algo imposible. Algo poco probable puede pasar, y por lo tanto es un riesgo real, pero tendemos a tratarlo como imposible y por lo tanto no creamos mecanismos de defensa. El resutlado es que cuando haya algún cisne negro, caeremos.

Estos sesgos son la causa de innumerables pérdidas, y son la razón principal por la que es casi imposible tomar buenas decisiones. Nuestra única defensa ante ellos, es aprender sobre el comportamiento humano y la naturaleza de estos sesgos, y tomar medidas para controlar su efecto.

Debemos trabajar nuestra perspectiva, algo que se basa en obtener más herramientas para digerir y procesar la información sensorial. Aceptar que es más probable que nos equivoquemos, que que tengamos razón. Y crear un sistema de feedback basado en el método científico, de hipótesis, experimentos, hipótesis.

El objetivo final quizá de entrenar nuestra mente y capacidad de decisión, se acerca más a aprender de nuestros errores y crear normas para limitar la probabilidad de error, que a acercarnos al ideal del humano racional.

“No quiero tener una gran capacidad de resolución de problemas. Quiero evitar los problemas – evitar que pasen y hacerlo desde el principio” – Peter Bevelin

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