¿Que bias y Sesgos Cognitivos afectan al sistema 2 de Daniel Kahneman y Amos Tversky?


Falta de comprensión de la probabilidad asociada

Este sería el principal problema que podemos encontrar. Si no somos capaces de entender la probabilidad real asociada un problema es difícil que hagamos caso, y esto se debe a los efectos de bias el sesgo de la frecuencia base que indican que le damos mucha mayor importancia a la información de nuestra memoria que a la información real.

Cuando esto pasa, podemos darle tan poca importancia a la probabilidad de que pase algo que no tomamos ninguna medida, lo cual sería lo mismo que haríamos si pensamos que la probabilidad es 0.

Un enfoque excesivamente cortoplacista

Nuestro gran enfoque en los futuros a corto plazo y lo que nos ha sucedido recientemente pueden aumentar las probabilidades de no detectar decisión de gran riesgo pero poca probabilidad.

En el caso de “los futuros a corto plazo” nuestra tendencia a ver a nuestro yo futuro, como si se tratase de otra persona, hacen que le demos menos importancia a lo que puede pasar en más de 3 meses o 1 año y que de forma inconsciente reduzcamos el riesgo que percibimos.

En parte está relacionado con cómo nos entrenan en el instituto y en el trabajo, en los que sin importar cómo hayamos rendido hasta el momento, podemos fallar. Si por ejemplo trabajamos muy bien durante años, pero tenemos un mal año debido a motivos familiares, aunque las razones sean legítimas, es muy probable que no nos consideren para un ascenso.

De la misma forma, si rendimos muy bien en el instituto pero al ir a la universidad tenemos que cambiar de ciudad y contexto y afecta a nuestras notas, es poco probable que lo tengan en cuenta.

Al vivir este tipo de situaciones, también empezamos a aplicar una mentalidad cortoplacista que lleva a que tomemos decisiones que sin darnos cuenta dejarán problemas para períodos mucho más largos. Un ejemplo es como los gobiernos suelen invertir menos en aquellas “partes menos visibles” como puede ser en mejorar la infraestructura, simplemente porque los ciclos de elecciones son tan cortos que no les sale rentable hacerlo.

La atención excesiva a lo que puede pasar en un futuro próximo y la falta de atención a lo que puede pasar en un futuro lejano, llevan a que seamos pésimos a la hora de entender cómo nuestras acciones hoy nos afectarán en 1 o 5 años y que por lo tanto les asignemos un valor muy inferior a su valor real.

Uno de los consejos que nos da el autor Garrett Hardin, creador del dilema de la Tragedia de los Comunes, es que siempre usemos 3 filtros para mirar las cosas:

Filtro literario: Se basa en preguntar ¿Qué significan realmente las palabras que usamos?

Filtro numérico:  ¿Hasta qué punto podemos fiarnos a nivel lógico?

Filtro ecolacy (eco-intuición): Se basa en preguntar ¿Y después que?

La clave para evitar pensar a corto plazo están en entender cuales pueden ser las consecuencias de nuestras acciones, porque estas nos permitirán entender el riesgo real de cada decisión. Hacernos estas 3 preguntas puede ayudarnos en el proceso.

Atención excesiva a “lo que tenemos”

Toda decisión es siempre una elección entre al menos dos opciones, y por lo tanto conlleva un cierto grado de ambigüedad sobre cuál es la respuesta correcta, y esto puede llevar a sin darnos cuenta tendemos a ir a por la información que podemos recordar con más facilidad.

Esto puede desarrollarse de dos formas:

1)Podemos dar más importancia a cosas que nos vienen a la cabeza, y caer en el bias de la disponibilidad. El sesgo de la disponibilidad hace referencia a cómo le damos más peso a información que recordamos con más facilidad aun cuando su contexto no se puede aplicar del todo a la situación actual. 

Esto se debe a que nuestro cerebro tiende a recordar mucho mejor información de los últimos meses, comparado con información anterior, y de forma inconsciente asumimos que lo que recordamos es lo correcto, sin darnos cuenta de que simplemente es lo más fácil de recordar para nuestro cerebro. Que nos lleva a la segunda forma en que puede desarrollarse este bias.

2)Si recientemente solo hemos tenido contacto con decisiones que implican riesgos de baja probabilidad, y hemos visto que no suceden. Es muy probable que de forma inconsciente esto “entumezca”, nuestra capacidad de notar el riesgo real de las próximas decisiones y pensar que la probabilidad es mucho menor a lo que es realmente. También se debe a un ligero sesgo de confirmación, básicamente nuestro deseo de tener razón y de que aquello que queremos que suceda, suceda.

Este fenómeno es el que solemos ver con el lanzamiento de monedas. Cuando lanzamos una moneda y sale 10 veces la cruz asumimos que después debería salir cara, aun cuando en una moneda no trucada la probabilidad siempre es de alrededor del 50%.

De la misma forma que pasa con la moneda, también podemos asumir que hay menos riesgo de que pase algo “malo”, definido como algo que va en contra de lo que deseamos, simplemente porque una de nuestras decisiones con bajo riesgo haya salido mal. Esta es otra forma de autoconvencernos de asumir que la probabilidad de algo es 0 aun cuando no lo es, y por lo tanto deberíamos ir con cuidado con ambas situaciones. Cual nos afecte más dependerá de lo “optimistas” o “pesimistas” que seamos, por lo que la clave es entendernos a nosotros mismos.

El efecto del estrés

El estrés está muy relacionado con nuestra visión a corto plazo, ya que sentir estrés suele llevar a que tengamos una visión mucho más de corto plazo, simplemente porque carecemos de la capacidad para hacer simulaciones de  más complejidad. 

Este estrés puede ser real, alguien nos apunta con una navaja, o estamos presentando delante de 100 personas, o puede ser imaginario, pensamientos negativos nos llevan a pensar que tendremos un problema o que las cosas saldrán mal. En el segundo caso puede darse el fenómeno opuesto y que acabemos analizando en exceso información que de otra forma tiene un riesgo y una probabilidad baja.

El estrés hace que tendamos a usar pensamientos simplificados y heurísticas, reglas de 3, de forma que debemos entrenar nuestra inteligencia emocional para detectar cuando nos está afectando e intentar evitarlo a través de calmarnos.

Dependencia excesiva en normas sociales

Este efecto está relacionado con el bias de prueba social, que nos lleva a seguir lo que hacen los demás cuando estamos dudando sobre qué decidir. El problema es que seguramente la mayoría de las personas que conocemos hayan hecho lo mismo y que por lo tanto no podamos fiarnos de su decisión como un indicativo de efectividad.

En situaciones en las que tratamos con temas de bajo riesgo o importancia dejarnos llevar por la norma social no es la mejor opción, pero tampoco es un gran problema. Pero no podemos permitirnos esto cuando se trate de decisiones de alto riesgo, porque quizá no han pensado lo que hacen de la misma forma que nosotros tampoco lo hemos pensado, y porque hacerlo de esta forma lleva a que perdamos una oportunidad para entrenar nuestro criterio.

Siempre que tengamos que tomar una decisión importante debemos asegurarnos de evitar las situaciones con estrés, y de evitar contextos que puedan aplicar presión social, directa o indirecta.

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