¿Por qué ser un experto no implica ser capaz de hacer predicciones?

Consideramos a los expertos como personas que tienen gran conocimiento sobre un campo y que les permite hacer predicciones a corto plazo en contextos limitados y típicamente idealizados. Los experimentos que se realizan en un laboratorio siempre se hacen usando condiciones lo más simples posibles que permitan estudiar la hipótesis de interés.

Esto se hace porque cuanto más simple sea el experimento, menor será el coste y mayor la facilidad a la hora de reproducir el experimento. Esto no es nada malo, ya que para poder entender algo tenemos que ser capaces de entender las partes más simples, reduccionismo, y sus interacciones entre ellas, interaccionismo, pero tiene sus límites.

De esta forma, que alguien sea un experto suele indicar que es capaz de tener éxito en predicciones dentro de un contexto altamente controlado, pero el mundo no es así. 

Un ejemplo de esto es como cada vez que se ha intentado predecir el precio del petróleo, en todos los años que se ha hecho y con el número de intereses implicados y por lo tanto capital, nunca se ha logrado acertar. 

Otro tipo de expertos a los que nos solemos referir son los empresarios de éxito y podríamos pensar que como su trabajo implica hacer predicciones y tener éxito dentro de un contexto altamente complejo, su criterio debería ser fiable. 

Pero de nuevo caemos en el bias de confirmación, en nuestro deseo de querer que alguien sea un experto en cierto tema y capaz de predecir el futuro, sobre todo si es un futuro que nos beneficia, y olvidamos todas las veces que estos expertos han fallado, y nos centramos únicamente en sus victorias. 

Otro bias que entra en juego en este tipo de situaciones es el llamado bias de la ley de los números realmente grandes. 

La ley de los números realmente grandes hace referencia al hecho de que con suficiente cantidad de intentos es posible que ocurra algo por muy improbable que parezca a nivel estadístico. De esta forma, debido al enorme número de negocios que existen en todo momento y que se crean cada día, es posible que muchos de ellos alcancen el éxito únicamente por suerte, sin tener ningún factor que los mantenga. 

Ejemplos de esto son las páginas web que se vendieron por precios enormes únicamente por tener dominios de palabras simples como puede ser riqueza, invertir o conceptos parecidos.

Esta ley se suele aplicar al mundo sobrenatural, pero algunos “casos de éxito” del mundo de los negocios no podrían estar más cerca de este concepto.

Todos estas razones llevan a que sea mala idea aceptar las suposiciones de los expertos sin intentar entender qué hay detrás, y esto no se debe a que no estén haciendo un buen trabajo, sino simplemente a cómo funciona nuestro cerebro.

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