Bias o sesgo cognitivo de las Manos Calientes

El bias de las “manos calientes”, fenómeno de las manos calientes o “falacia de las manos calientes”, hace referencia a un fenómeno que se suele ver en el campo del trading y de las apuestas, por el cual cuando alguien consigue resultados positivos, es mucho más probable que siga jugando al asumir que “está de suerte” y que su racha persistirá, sin tener en cuenta que la probabilidad sigue siendo la misma.

El término nació en el mundo del baloncesto, cuando diversos aficionados y comentaristas comentaron “percibir” que los jugadores que acababan de encestar tenían una mayor probabilidad de acertar su próximo tiro, lo cual resultó en una serie de artículos investigando el fenómeno.

A nivel de trading o apuestas el efecto de este fenómeno se considera principalmente como un sesgo cognitivo, pero se ha visto que en ciertos deportes, campos en los que se originó el término, sí que puede tener algún efecto.

¿Por qué podría funcionar el fenómeno de manos calientes?

Una de las posibles razones por las que podría funcionar en ciertos deportes, está relacionada con el efecto de la confianza a la hora de reducir nuestros nervios y estrés y con ello ayudarnos a reducir la diferencia entre la imagen ideal que tenemos y cómo se mueve nuestro cuerpo en realidad.

En cualquier tipo de situación de estrés, cualquiera en la que haya algo en juego normalmente, puede verse un efecto de tensión de los músculos en preparación para la competición, el problema es que aunque esta tensión puede ser necesaria, también puede dificultar el movimiento, razón por la que tantos deportistas tienen mejores resultados en los entrenamientos que en las competiciones.

Un fenómeno más extremo basado en el mismo principio es lo que se conoce como choking a nivel deportivo que es el fenómeno en el que los deportistas se quedan en blanco en mitad de una competición y son incapaces de moverse. Lo cual demuestra el posible efecto del estrés a la hora de evitar que puedan rendir al máximo.

Otra explicación es como después de fallar un intento solemos tener un bajón en nuestra confianza y este bajón puede dificultar que tengamos éxito en el próximo intento, es difícil cambiar de mentalidad en mitad de un partido. De forma que quizá el efecto no solo se debe a que acertar ayuda a relajarnos, sino también porque fallar ayuda a reducir nuestro rendimiento, de forma que el efecto nacería como resultado de la unión de ambos fenómenos.

Todos estos factores explican como quizá el fenómeno de “manos calientes” podría ser real en el mundo de los deportes. Pero en el caso del trading y de las apuestas actúa principalmente como una falacia.

¿Por que se da el bias de las manos calientes?

Se cree que las razones por las que se produce el fenómeno de las manos calientes son principalmente 2:

1)El bias de confirmación, o sesgo de confirmación, que nos lleva a pensar que algo sucede porque queremos creerlo, de forma que este efecto podría haber resultado como un subproducto del deseo de los aficionados del mundo del baloncesto de que existiese un aumento de la probabilidad de acertar por parte de los jugadores tras encestar. Esto aumentaria la excitación de los encuentros gracias a que si el equipo está perdiendo, creer que alguien tendrá más oportunidades de encestar crea la expectativa de una remontada. También podría nacer simplemente como un efecto del sesgo de confirmación sobre las memorias, y nuestra tendencia a recordar eventos como nos hubiese gustado que fuesen.

2)La ilusión del agrupamiento, o clustering illusion, explica porque cuando al lanzar una moneda sale cruz 10 veces, asumimos que la siguiente saldrá cara. Este bias del agrupamiento nace de nuestra dificultad a la hora de entender que cuando trabajamos con muestras pequeñas es mucho más fácil ver gran variabilidad.

Si lanzasemos la moneda 100 veces veríamos que los números se acercarian al 50% de probabilidades para ambas opciones, y si lo lanzamos 1000 veces se acercara aun mas, siempre que no sea un moneda trucada. De esta forma la ilusión del agrupamiento junto al bias de la disponibilidad, dar prioridad a la información que recordamos o tenemos delante, hacen que caigamos en el bias de la frecuencia base, no hacer caso a la probabilidad real de un fenómeno aún conociéndola.

Básicamente que lo que tenemos delante nos lleva a olvidar que en realidad es parte de un contexto mucho más grande y que por lo tanto lo que vemos no tiene porque ser el resultado final. Este bias nace de nuestro deseo constante de ver patrones que podamos usar para explicar la causalidad de fenómenos, aún cuando a veces no hay relación alguna entre ellos.

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